Si fuera un visitante de una extraña ciudad, sin conocer a nadie, seguro que podriamos valorar la ansiada libertad que nos dá el alejarnos de la realidad que tanto brumor y desconcierto nos mete en la sangre.
Soy como una nave espacial transportadora de piezas: retirando sentimientos de un planeta a otro, construido por los sentimientos de quienes alguna vez fueron importantes, voy consumiendo mi vida útil.
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