19 julio 2011

Los extremos de la vida

De la misma forma que Platón describió de una forma tan sencilla su planteamiento acerca de que lo que no conocemos no puede ser apreciado por los sentidos, describiré de una forma ingenua y sencilla la imposibilidad de ver, tocar y sentir el paraíso que nos ha tocado vivir.

Es una etapa de tiempos volátiles, donde ser un Peter Pan ya no te ayuda a escapar de ningún capitán ni de ningún enemigo. Estan por todos lados. Mires donde mires y vueles donde vueles, siempre te encontrarás uno. 
Por eso haré un uso especial de la dinamita. Llamamos terrorista a una persona que por sus ideales mata a otra persona. Llamadme super-terrorista, pues voy a destruir todo el mundo que de falsas amistades, ambigüedades e hipocresías una vez creí ser feliz.
De las ruinas surgirán los cimientos básicos que una vez sujetaron mi propio mundo. Un cimiento llamado esperanza. Otro llamado amor. Otro llamado compenetración. Y un último llamado humanidad.
Esto ya no es una ciudadela. Es una metrópolis que clama ser rescatada.
Llorad, habitantes viejos, pues vuestro tiempo ha pasado. La era del nuevo comienzo ha llegado. Y ya no os quiero conmigo.

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