Esta todo bien claro. No quiero sentenciar a ningún pueblo diciendo que todos somos como somos por nuestra propia naturaleza humana.
¿Valió la pena educar a Charles Manson?¿O a cualquier depravado? El instinto de supervivencia es propio de cualquier persona. Ese instinto nos sopla un poco la manera de ser de cada uno. Aunque Charles no hubiera escuchado a los Beatles, o mejor aún, si no hubiera sido cambiado por ninguna jarra de cerveza y hubiera vivido entre maravillas, esas maravillas habrian sido su arma.
Mi teoría no va de aniquilar a nadie. Ni de cuestionar el modo de educar. Trata sobre el trato personal. El trato y el juzgamiento que hacemos sobre cada individuo. Un registro primario sobre cada uno de nosotros habría sido primordial a la hora de tratarnos.
Porque en realidad la educación es nuestro cascarón. La armadura de la vida. Nuestro querido usufructo.
Lo mejor de la educación es que la misma que recibió cierta persona en el siglo XVI o en el IX es la misma que recibimos ahora. No hay vanguardismo. Aunque si nos situamos en esta misma línea... no habría en ninguno de nuestros aspectos sociales personales. Ese cascarón que es la educación es nuestra arma. Nuestra línea de colocación en esta vida.
Con todo esto hay que tener bien claro algo: una sabana no hace que una mierda desaparezca. Y esto es aplicable a cada uno de nosotros. Porque estamos hartos de ver a dictadores con buenos modales. O a los ya clásicos personajes ficticios de "made in Hollywood" que con su formalidad manejan a quien quieren y andan dominando el mundo.
La compatibilidad educación-naturaleza no existe. Lo primero es solo un complemento de lo segundo. Algo que hace más llevadero (o todo lo contrario) alcanzar el objetivo de cada uno.
Por eso no dejaría la confianza del mundo en ningún sistema. Ni educativo ni político ni judicial. Su objetivo público es mantener el orden. Hacer que todo siga una pauta de armonía. Pero ¿y su objetivo privado?¿Qué hay de esas intenciones que se esconden en la sombra?¿Vamos a dejar la confianza y el futuro de nuestros hijos en los que en verdad buscan un beneficio propio?
Pero, ¿y si las malas intenciones las tuvieramos nosotros?¿Y si los malos fueramos nosotros, los ciudadanos desconocidos? No existen los buenos y los malos en nuestra sociedad. Solo las intenciones que un sistema primario ha ido calificando de bueno o malo. Una balanza cargada de moralidad que solo se inclinará hacia un lado u otro dependiendo de lo que un grupo de personas, en un lugar determinado y en una época concreta, considere.
Todo es un círculo vicioso. Donde uno muerde la cola del siguiente. La ética, la moralidad, la enseñanza, la política, y cualquier pensamiento social va a ser solo un atrezzo. Porque lo que siempre va a estar presente y va a mover el mundo va a ser esto: una naturaleza complementada de un buen cascarón.
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